Texto e imagen: Carolina Esqueda
León, Gto. ¿Por qué arriesgarse a salir en plena pandemia a una actividad masiva, cuando las muertes por covid en el estado ya superan las 10 mil defunciones y la alerta de regresar al semáforo rojo sigue latente?
En redes sociales y en grupos de WhatsApp se planteó intensamente la pregunta en los días previos al 8 de marzo, e incluso se llegó a la resolución de que con las condiciones actuales pandemia no era prudente salir a marchar. Diversos colectivos organizaron jornadas de actividades virtuales, incluyendo inundar las redes con marcos conmemorativos y hastags de protesta. Pero dos días antes de la fecha, decidimos salir a rodar.

En Guanajuato, además de covid, hay una crisis de violencia que solo en enero de 2021 acumula 335 homicidios dolosos, 27 de mujeres, según el último informe de incidencia delictiva del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que lo coloca en el primer lugar nacional de este delito, mientras que en desapariciones de personas ocupa el segundo lugar con mil 235 personas desaparecidas del primero de diciembre de 2018 al 24 de noviembre de 2020 reconocidas por la Secretaría de Gobernación. Aunque no se desglosó la estadística por género, buena parte son mujeres, sobre todo adolescentes.
En el último informe presentado por el fiscal Carlos Zamarripa ante el Congreso local la semana pasada, reconoció que de enero de 2015 a enero de 2021 han iniciado mil 554 carpetas de investigación por homicidios dolosos de mujeres de los cuales solo 89, es decir el 5.7% de los casos, fueron investigados como feminicidio.
En delitos sexuales, 2021 tuvo un aumento significativo en denuncias como abusos sexuales con mil 141 carpetas, 569 denuncias por violación y 227 investigaciones ministeriales por acoso sexual, junto a otras 39 por hostigamiento sexual.
A nivel nacional, los colectivos feministas denunciaron que durante la pandemia, la estadística de 10 mujeres asesinadas a diario, aumentó a 14 víctimas en todo el país, como consecuencia de tener que convivir más tiempo con sus agresores. Y aunque sabemos por el INEGI, que por cada 2 asesinatos de nosotras hay 8 víctimas masculinas en circunstancias que desconocemos si son ejecuciones, asaltos violentos o secuestros; el hecho es que nos siguen matando porque las Fiscalías apenas si investigan para resolver los asesinatos, y mucho menos trabajan por poner a mujeres y a sus hijos a salvo de sus agresores. Nosotras rechazamos seguir viviendo con ese miedo que genera la impunidad.
A la calle, con todo y miedo al covid, salimos mil 800 mujeres. Todas con cubrebocas, algunas con caretas y unas más con alcohol en gel en la mochila, que ofrecían entre sus círculos cercanos en cada pausa tomada.
La idea original había sido rodar en bicicletas, patines, monopatines, patinetas o de última en automóvil; aunque al final una mayoría de mil 500 que no tenía nada en ruedas para desplazarse abogó por una caminata y su superioridad numérica se impuso. Pasadas las 6:40 de la tarde, el contingente de a pie que se había reunido en la calzada para unirse a la caravana rodante, llegó al punto de reunión original en el Forum Cultural, y fueron ellas las que dieron el banderazo de salida a la marcha, que avanzó por toda la calzada hasta la calle madero, para luego desviarse por Donato Guerra hasta el bulevar López Mateos y terminar de vuelta en el Arco de la Calzada.
Las mujeres marchamos entre consignas, la “Canción sin miedo” de Vivir Quintana, minutos de silencio por las asesinadas y las desaparecidas, los recordatorios de algunas víctimas recientes de feminicidio y el prolongado grito de “Justicia”, encontrando ecos de aceptación a su paso.
n el Arco al final hubo destrozos, sí, que se limitaron a las pintas en los muros con aerosol negro donde muchas escribieron los nombres de sus abusadores, además de derribar las letras de la marca León Mx, a la que previamente habían intervenido con carteles de protesta, y que no pasó de abolladuras y desprenderle el “mx”.
Mientras las mujeres saltaban sobre las letras y cantaban, soltaron más nombres de abusadores y se animaron a confesar “A mí también me violaron”, otras lloraron por las ausencias de amigas y hermanas, algunas más descargaron toda la ira contenida de haber pasado por procesos de revictimización y culpa. Cerca de las 9:00 de la noche regresaron a casa, cuando los primeros hombres con uniforme de Policía (el director operativo de Tránsito y su grupo) aparecieron en el lugar.
Aunque al final se activó la alerta de una joven detenida en la zona centro, fuera de la Calzada, no hubo más información de las circunstancias en las que esto ocurrió, ni reportes de una cacería humana de manifestantes como ocurrió el 22 de agosto de 2020, o como se reportó en otras ciudades del país, incluyendo Irapuato donde la Policía encapsuló a un grupo de mujeres y no las dejaba irse a casa.

Rota la burbuja segura de la marcha, la vuelta a casa fue la de siempre. Avisar al grupo de amigas que llegaste bien, para que dejen de preocuparse por buscarte ayuda. En el transcurso de la noche hubo un par de alertas para encontrar a dos chicas que no mandaron el mensaje a tiempo, y los pedidos de búsqueda pararon cuando finalmente ellas mismas informaron que estaban a salvo.
Esa realidad que vivimos a diario fue la que nos hizo salir a la calle al final, a hacernos visibles, sabiendo que si mañana somos nosotras, solo el clamor popular de una protesta hará que se investigue lo que nos ha pasado, y tal vez, se haga justicia.