Por Alicia Arias
León, Gto. Fueron las mujeres cansadas de pedir a los hombres que las respeten, fueron las mujeres hartas de exigir a la autoridad que deje de ser omisa, fueron las mujeres que no quieren dejar un mundo igual que el que están viviendo. Sí, esas mujeres se atrevieron a pintar en una de las columnas del Arco de la Calzada de León.
Indigna una pinta en un monumento histórico tan representativo de nuestra ciudad. “No era necesario” dijo un joven a su madre mientras pasaban por el lugar después de que el contingente de mujeres que se manifestaron este domingo partió a la zona peatonal.
Era 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, día de conmemorar la lucha de las mujeres por el acceso a la igualdad de oportunidades; un fecha que, en México, se ha convertido en el día propicio para pedir, gritar, exigir “Ni una muerta más”.
Eran miles: jóvenes, adultas, niñas, madres, esposas, novias, abuelas, nietas amigas, compañeras. Eran ellas diciéndole al mundo que no quieren ser una más de la lista de desaparecidas, asesinadas, violadas, golpeadas, menospreciadas en la calle, en su lugar de trabajo, en los espacios públicos y privados.
Gritaron, cantaron, corearon. Y, sí, también pintaron.
Y en morado quedaron plasmados los deseos de toda mujer: “Ni una menos”. “Sin miedo”.
¿Indigna? ¿Molesta? Y ¿Las miles de muertes de mujeres a manos de hombres que las ultrajan y abusan de ellas? ¿Indigna, también?
Una pinta quedará borrada por las autoridades correspondientes, pero una mujer asesinada no regresará ni con todas las pintas.