Por: Redacción Imagen: Cortesía
Guanajuato, Gto.- La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) presentó el programa “Ríos de esperanza”, un concierto que reconoció la creación musical de mujeres compositoras en distintas épocas, bajo la guía de la directora huésped Grace Echauri y con la participación de la saxofonista María Elena Ríos.
Grace Echauri es una reconocida mezzosoprano y directora mexicana con trayectoria internacional, quien ha colaborado con destacadas orquestas y figuras del ámbito operístico y sinfónico. Resaltan su versatilidad artística y su compromiso con la música contemporánea, así como su impulso al posicionamiento del talento musical de las mujeres, elemento imprescindible para esta velada.

En el Teatro Principal, el programa inició con la obertura de Luisa (1875), obra de Guadalupe Olmedo, una de las primeras compositoras mexicanas en incursionar en el ámbito sinfónico durante el siglo XIX. Originaria de Toluca y formada en el Conservatorio de dicha ciudad, logró destacar en un contexto histórico adverso para las mujeres creadoras. Esta pieza fresca y luminosa, de carácter ágil y conclusivo, da cuenta del dominio formal y la sensibilidad melódica de la autora.
La noche continuó con el estreno en Guanajuato de El llamado del Shofar (2001), de Georgina Derbez, obra de carácter de fanfarria, vigoroso y espiritual, inspirada en el simbolismo bíblico del shofar, antiguo instrumento de viento asociado a la tradición judía. Escrita por encargo de la Orquesta Sinfónica Nacional y estrenada en el Palacio de Bellas Artes, la partitura despliega una estructura tripartita con gran presencia de metales y un intenso trabajo rítmico basado en la repetición de patrones.

En el marco del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), el encuentro se volvió memorable con el estreno mundial de Ríos de esperanza (2026), concierto para saxofón alto y orquesta, de Leticia Armijo, compositora mexicana reconocida por su sólida trayectoria internacional y su compromiso con la creación contemporánea. La obra está dedicada a la saxofonista María Elena Ríos, sobreviviente de un ataque con ácido y promotora de la Ley Malena para tipificar este acto violento como tentativa de feminicidio.
Fue la propia solista, en pie, quien dio vida sonora a la composición. Originaria de Santo Domingo Tonalá, Oaxaca, María Elena Ríos se ha convertido en una voz fundamental en la defensa de los derechos de las mujeres, integrando el arte y el activismo en su práctica musical.