Texto e imagen: Manuel Carrillo
Guanajuato, Gto.- Aroma, sabor, textura y colores, son los ingredientes principales de Pali Gastronomía, un espacio donde los sentidos son agasajados a plenitud; ahí, la gente es seducida no tan solo por la cocina tradicional mexicana, también por las pinturas que recuerdan el colorido de Guanajuato. Es un lugar donde se nutren cuerpo y alma por igual.

No es tan solo un restaurante o una galería, es ambas cosas, porque al detenerse en Alonso 41, en pleno centro de la ciudad, los ojos del caminante son atraídos por los paisajes urbanos pintados con acrílico sobre tela y que tienen como protagonista a la capital del estado; este festín visual es el primer trato afectuoso que se recibe. Después, el gusto y el olfato son atraídos por los platillos elaborados por Vicenza.

Vicenza es la joven creadora de un tipo de cocina mexicana, tradicional, pero con un toque contemporáneo; de su vocación surgieron las “infladitas”, primas hermanas de las tradicionales “gorditas”. Son elaboradas con maíz azul, están rellenas de requesón, y al freírse en aceite se inflan; encima llevan cochinita pibil o chicharrón prensado, además, un poco de cilantro. ¡Son extraordinarias!

Como “plato fuerte” destaca el chamorro con crema ceniza – elaborada con crema ácida y polvo de tortilla tostada; también, la cecina acompañada por guacamole con xoconostle, esa tuna agria que aporta al organismo importantes cantidades de fibra, minerales, vitamina c y antioxidantes. Al largo menú se agregan: el lechón en pipián verde, los chilaquiles enmolados y el mole rosa, que tiene como ingredientes la tradicional pasta dulce guanajuatense, a la que se añaden piñón, almendras, cebolla, canela y betabel y se acompaña con puré de plátano macho.
Pero donde el paladar recibe una verdadera fiesta de sabor es al probar las “conchas” rellenas, ese tradicional pan dulce mexicano que Vicenza realza con el relleno de nata y los sabores de chocolate, canela, pinole o totomoxtle – la hoja de maíz, seca y triturada- y con el cual el pan adquiere un sabor a elote asado.
Por sus sabores, aromas, texturas y colorido que ofrece a los sentidos, Pali, que en náhuatl significa “los colores del alma”, es efectivamente un sitio para nutrir cuerpo y alma por igual.

