Texto e imagen: Uriel Cázares
Guanajuato, Gto.- Natalia Bonilla Berrios, periodista e investigadora internacional, señaló en conferencia magistral en el Tribunal Estatal Electoral de Guanajuato (TEEG), que “la gran mentira milenaria que nos vendieron a las mujeres fue que no teníamos poder”.
En un recuento histórico, recordó que fue durante el Imperio griego donde se asentaron “las bases de democracia que conocemos hoy en día, términos como ciudadanos, República, democracia y Estado, fueron concebidos por hombres con una visión androcéntrica del poder, el hombre en el centro”, dijo la periodista durante la conferencia Representatividad y visibilidad de las mujeres en la política, que organizó el Observatorio de Participación Política de las Mujeres para el Estado de Guanajuato.
Reconoció que, a través de la historia, durante el siglo XX se han dado cambios locales y nacionales, “México ocupa el puesto 33 de 146 países de índice global de brecha de género del Foro Económico Mundial, y aunque cueste mucho creerlo México es uno de los países más avanzados de la región en temas de paridad política, con un estimado de 46 por ciento de poder político de las mujeres, siendo un ejemplo para Estados modernos (…) y aunque cueste muchísimo creerlo, del propio Estados Unidos. México va a la delantera”, puntualizó.
Dijo que fue en el siglo XVII con la creación de los Estados soberanos, cuando esa visión androcéntrica de poder alcanzaría su máxima expresión desde la masculinidad hegemónica.
Definió el poder según la Real Academia Española (RAE): “tener expedita la facultad o potencia de hacer algo; tener facilidad, tiempo, o lugar de hacer algo; tener más fuerza que alguien, vencerle luchando cuerpo a cuerpo”.
Actualmente, “ustedes tienen el poder de ser alguien y de hacer algo, ustedes tienen el poder de decidir qué sembrar y qué cultivar a partir de hoy”, dijo la conferencista a las asistentes a este ciclo de conferencias y capacitaciones que impulsa el Tribunal Estatal Electoral de Guanajuato, que tienen como objetivo impulsar y visibilizar la participación política electoral de las mujeres.
En este sentido, la periodista realizó un breve repaso histórico, expuso que el derecho al voto y el derecho a la participación política de las mujeres, fue planteado e impulsado por el movimiento sufragista de finales del siglo XIX.
Dijo que, en 1893, Nueva Zelanda fue el primer país del mundo en otorgar sufragio femenino y a principios del siglo XX, luego se sumó Australia, Finlandia, Dinamarca, la Unión Soviética, el Reino Unido y Estados Unidos.
Fue en 1948 cuando la ONU promulgó que toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país y tiene el derecho de acceso en condiciones de igualdad a participar en la vida pública de su país.
En México, el derecho al voto para las mujeres fue aprobado en 1953, unos 5 años después de que la ONU cobrar fuerza a nivel internacional después de la Segunda Guerra Mundial.
En 1979 la Asamblea General de la ONU aprobó la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, como la violencia política, por ejemplo.
Luego siguieron tres conferencias mundiales en 1980, 1985 y 1995, esta última, la convención de Pekin, donde 189 gobiernos mostraron su voluntad política y el activismo de las mujeres se fortaleció a escala mundial.
Regresando a la visión androcéntrica y a la concepción de lo masculino y lo femenino, Natalia Bonilla hizo referencia tanto a la energía masculina como a la energía femenina. La masculina, dijo, “es comúnmente asociada con la racionalidad, la fuerza física, la disciplina, la agresividad, la competencia y la independencia en la esfera pública”.
Mientras que el concepto de lo femenino es comúnmente asociado con la irracionalidad, la intuición, la empatía, la necesidad de protección y la esfera de lo privado.
En este sentido, dijo que, en la actualidad, la tendencia es hablar de liderazgo evolutivo, “este integra los aspectos positivos de las cualidades masculinas con los aspectos positivos de las cualidades femeninas, es decir, valores como la competencia y la valentía que pueden ser considerados como negativos dentro del marco del liderazgo hegemónico, pueden ser incorporados y abordados de mejor manera según las circunstancias en este nuevo marco de referencia”, propuso.
Agregó que hoy en día es importante iniciar un proceso de evaluación interno, más allá de nuestro propio género, sobre qué cualidades masculinas o femeninas estamos reprimiendo o sobre activando y por qué; “la energía y las cualidades femeninas pueden ayudar a fomentar la colaboración, las redes sociales entre humanos, la defensa de intereses de todos, la sostenibilidad, la escucha activa y la inteligencia cognitiva”, manifestó.
Refirió que de acuerdo a un estudio internacional realizado en 13 países con la participación de 64 mil hombres y mujeres, el 66 por ciento estuvo de acuerdo en que el mundo sería mejor si los hombres pensaran más como las mujeres, este estudio incluyó a hombres en países muy patriarcales como China, Japón e India.
También expuso que el o la líder del futuro, de acuerdo a una investigación, debía tener valores asociados a la energía femenina como la empatía, la vulnerabilidad, la tolerancia y la horizontalidad, finalizó.