Fundamental el papel de las radios comunitarias para la defensa de los Derechos Humanos

Por Aranza Bustamante/CIMACNoticias 

Ciudad de México.- En Amilcingo, Morelos, todos los días se escucha la voz del pueblo en la radio comunitaria: hombres, mujeres, niñas y niños que habitan y defienden a su comunidad. Gracias a este canal de comunicación las personas defensoras tuvieron la posibilidad de advertir a Amilcingo y a otros pueblos contiguos que, de llevarse a cabo el Proyecto Integral Morelos —una obra del gobierno mexicano conocida como PIM, que busca cubrir 80 por ciento de las necesidades energéticas de Morelos a través de dos termoeléctricas—, se dañaría el territorio, el medio ambiente y la vida.

La radio comunitaria de Amilcingo no es la única que informa y concientiza a la población sobre situaciones que acontecen en sus espacios. De acuerdo con la locutora, programadora musical y periodista, Abril Dávila, actualmente operan un total 140 radios comunitarias a nivel nacional, de las cuales 18 son indígenas. La mayor parte de estas se enfrentan a diferentes retos para su sostenibilidad, entre los cuales se encuentran, la falta de respaldo institucional, la falta de equipo —en consecuencia, una baja calidad en el audio transmitido, aunque no en todos los casos— y los peligros a los que se enfrentan las y los locutores que las lideran al evidenciar la violación de derechos colectivos.

Así lo dijo durante el conversatorio virtual “Defender los derechos humanos significa informar a la comunidad” organizado como parte de la campaña “Conocerles es reconocerles”. En el foro que también contó con la participación del director general de Radio Educación, Gabriel Sosa Plata, se reconoció la importancia de las radios comunitarias en la defensa de la libertad de expresión y los Derechos Humanos en México.

Cabe mencionar que “Conocerles es reconocerles” es una campaña que inició en septiembre de 2021 con el apoyo de la Unión Europea en la que participan las organizaciones Artículo 19, Casa del Migrante Saltillo y Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), con el objetivo de impulsar un discurso en el que la violencia contra periodistas y personas deje de estar normalizada, visibilizar la importancia de la existencia de estas dos profesiones y poner rostro a quienes arriesgan sus vidas por documentar, proteger y servir como altavoz para las víctimas.

Al inicio del diálogo, Abril Dávila hizo un recuento de sus primeras experiencias haciendo radio comunitaria como estudiante universitaria y afirmó que una de las virtudes de la radio como herramienta es el gran poder que tiene para conectar con las audiencias, ya que estas se suelen sentir identificadas con los contenidos que son transmitidos.

“Se hace con lo que tienes, pero hay un interés muy claro de compartir información importante con la comunidad […]. La radio ya cumplió 100 años acompañándonos, no se ha muerto ni se morirá, además ha sido uno de los medios que se ha ido adaptando, es una superviviente pese a todos los cambios digitales”, dijo.

Por su parte, Gabriel Sosa Plata centró su participación en el poco respaldo institucional que suelen recibir las radios comunitarias e indígenas a nivel nacional. No obstante, consideró que las reformas realizadas en 2013 y 2014 a la Ley Federal de Radio y Televisión fueron un gran avance para reconocer institucionalmente este tipo de emisiones, ya que, según él, “han sentado la base para que se consoliden políticas en su beneficio”.

Sosa adelantó que actualmente la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el gobierno mexicano, a través de la Oficina de Comunicación Social de Presidencia, se encuentran en proceso de creación de una política pública para emprender las acciones que “quedaron en deuda” a partir de la reforma de 2014. Sin entrar en detalles, mencionó que, entre estas propuestas se encuentra destinar al menos el 1 por ciento de presupuesto de Comunicación Social de todas las dependencias a la radio comunitaria e indigena.

Ávila hizo énfasis en que otro de los aspectos fundamentales que se deben garantizar es la seguridad de las y los locutores de las radios comunitarias —en su mayoría personas defensoras de los Derechos Humanos—, ya que comúnmente son objeto de violencia debido a que se dedican a transmitir información que ayuda a que las personas se informen y concienticen sobre temas que le competen a sus comunidades: “Acercan temas y concientizan y esto no le conviene a ciertos grupos. En ocasiones hasta se enfrentan contra las empresas y el Estado”, agregó.

Hazel Zamora, productora de Violeta Radio —la primera radio comunitaria y feminista de la Ciudad de México— ejemplificó esta parte con el asesinato en 2019 de Samir Flores Soberanes, fundador de la radio comunitaria de Amilcingo, Morelos y principal opositor del PIM en su momento.

Frente al evidente desmantelamiento de las radios comunitarias e indígenas debido a las problemáticas a las que se enfrentan, Sosa Plata opinó que es responsabilidad de las radios públicas es mantener alianzas con éstas, a fin de que se promueva la pluralidad, la multiculturalidad y la inclusión que tanto le hace falta a las frecuencias comerciales.

En apoyo a esa idea, Dávila reiteró que el objetivo principal de las radios comunitarias es atender a las necesidades cotidianas, preocupaciones y luchas sociales de la comunidad: “La información que da la radio comunitaria es para la comunidad, por eso la comunidad la abraza de una manera tan rápida. Creo que eso deberían aprender las demás (las emisiones comerciales). No solo generar contenidos rápidos”.

El conversatorio finalizó con la invitación de Hazel Zamora para que las y los participantes visiten en YouTube el quinto episodio de la campaña “Conocerles es reconocerles”, el cual retoma la historia de creación y resistencia de la radio comunitaria fundada por Samir Flores.

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