Eliminar el trabajo infantil: Un desafío urgente para América Latina y el Caribe

Por Redacción

Imagen: Alicia Arias

Panamá, Lima. La pandemia de COVID-19 está neutralizando los esfuerzos realizados por los países de América Latina y el Caribe para cumplir la meta de eliminar el trabajo infantil para 2025, advirtieron la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés).

En una región duramente golpeada por la pandemia, el prolongado cierre de escuelas y el aumento de la pobreza entre las familias más vulnerables empujan a más niños y niñas de América Latina y el Caribe al trabajo infantil, después de años de reducción, señalaron ambos organismos internacionales en su más reciente informe.

El nuevo informe OIT-UNICEF (2021) estima que 8.2 millones de niños de entre 5 y 17 años trabajan en América Latina y el Caribe. La mayoría son adolescentes varones y el 33 por ciento son niñas. El trabajo infantil está presente tanto en las zonas rurales como en las urbanas, y el 48.7 por ciento se encuentra en el sector agrícola. Algo menos del 50 por ciento de los que participan en el trabajo infantil lo hacen en el trabajo familiar.

Más del 50 por ciento de los niños realizan trabajos peligrosos, es decir, peligrosos para su salud, educación y bienestar. El trabajo infantil es una triste realidad para demasiados niños en esta región.

“La combinación de la pérdida de empleo, el aumento de la pobreza y el cierre de escuelas es una tormenta perfecta para la proliferación del trabajo infantil. Abandonar la escuela y entrar prematuramente en el mercado laboral reduce las posibilidades de conseguir mejores empleos en el futuro, perpetuando la trampa de la pobreza”, dijo Vinícius Pinheiro, director regional de la OIT para América Latina y el Caribe.

“Es cierto que ha habido avances en las últimas dos décadas en la región, pero las cifras siguen siendo demasiado altas, y la crisis social y económica provocada por la pandemia podría causar un retroceso dramático si no se actúa pronto”, señaló.

También destacó que el “el diálogo social y la cooperación internacional son esenciales para una respuesta que incluya medidas de protección social, más y mejor educación, fortalecimiento de la inspección laboral y trabajo decente para los padres”.

A pesar de la disminución del trabajo infantil en la región de América Latina y el Caribe en 2.3 millones entre 2016 y 2020, se estima que la crisis provocada por la pandemia podría revertir esta tendencia positiva.

El número de niños y niñas en hogares con pocos ingresos aumentó como consecuencia de la pérdida de empleo e ingresos de las familias, y estas  pueden recurrir al trabajo infantil como mecanismo de supervivencia. Según la OIT y la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), esta práctica podría aumentar entre 1 y 3 puntos porcentuales, es decir, entre 100 mil y 326 mil menores niños más.

“Dado que muchas escuelas siguen cerradas, y que las familias empobrecidas en situación de confinamiento han perdido ingresos durante meses y meses, estamos viendo que más niños y niñas latinoamericanos y caribeños abandonan la escuela y se incorporan al trabajo infantil. Los que corren más riesgo son los de las familias que perdieron sus ingresos y medios de vida”, advirtió Jean Gough, directora regional de UNICEF para América Latina y el Caribe.

Añadió que “América Latina y el Caribe esperaba ser la primera región del mundo en erradicar el trabajo infantil para 2025. La pandemia ha hecho que este objetivo sea cada vez más difícil de alcanzar. Es probable que más niños de toda la región caigan en el trabajo infantil en los próximos meses, a menos que las familias reciban ayuda rápidamente.”

El trabajo infantil perjudica a los niños y niñas física y mentalmente. El trabajo infantil compromete la educación, restringiendo sus derechos y limitando sus oportunidades futuras, lo que conduce a círculos viciosos intergeneracionales de pobreza y trabajo infantil.

La OIT y la UNICEF piden que se aumente el gasto en servicios públicos como la protección social, el acceso universal a una educación gratuita y de buena calidad, y que se reabran las escuelas de forma segura; el trabajo decente para adultos y jóvenes en edad legal de trabajar; que se vuelva a prestar atención al trabajo infantil en la agricultura; que se promulguen leyes que protejan mejor a las y los niños, que se apliquen eficazmente y que se establezcan sistemas integrales de protección de la infancia allí donde no existan.

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