Por Uriel Cázares
Guanajuato, Gto.- Ella se llama Sido, es maestra certificada de Hatha Yoga, un yoga suave pero de fuerza, que te lleva poco a poco de una asana a otra para conectar cuerpo, mente y espíritu.
En el Hatha Yoga o yoga suave como le llama Sido y como lo trasmite Sido, se trata de escuchar más a nuestro cuerpo, más allá de lograr la posición técnicamente perfecta, “cada uno es el maestro, yo soy una guía, tú eres el dueño de tu cuerpo”, así lo dijo Sido.
Este tipo de yoga funciona muy bien para quien quiera iniciarse en esta práctica, punto de partida para adentrarse, sí así se quiere, a un camino que conduce a toda una filosofía de vida.
Pero podemos empezar por hacernos el hábito de practicar por lo menos 2 o 3 veces a la semana.
Los beneficios para la salud emocional, física y mental que trae consigo realizar cualquier práctica como el yoga son invaluables y ya demostrados, pero lo único que necesitamos primero es voluntad, así que, ya no hablaremos de los beneficios, sino de voluntad, un poco de dinero y perseverancia; que es lo que se requiere, y después, ni dinero, ni voluntad, ni perseverancia, será parte de tu vida.
Sido da clases en el INAPAM los martes y jueves a las 9 de la mañana, con un costo de 25 pesos, por eso decimos que un poco de dinero y más voluntad.
Y en Casa Cuatro los martes y los jueves de 6:30 a 7:30pm, con un costo de 60 pesos; y los sábados por las mañanas de 11:30 a 12:30, con un costo durante el mes de agosto de $45.00 pesos.
Ir a una clase con Sido Surkis es altamente recomendable. Cuando le hice la obligada pregunta para saber cómo empezó en todo esto, entendí todo.
La abuela de Sido fue yoguini, su mamá también, así que su respuesta fue contundente, “yo hacía yoga de niña, no estudiando, no me acuerdo de un día en mi vida que no conociera algo nuevo sobre el yoga”.
Eso es lo que hay, Tercera Generación, el yoga incorporado en su cotidianidad. Por eso ella es una maestra, de esas que no se hacen notar, pero que lleva el yoga en la sangre, en su alma y en su corazón.
Como parte de su compromiso social, cuando llegó a Guanajuato, Sido dio clases en el refugio para Mujeres Víctimas de Violencia, “me encantaba ver los cambios de las mujeres, vi que el yoga puede cambiar vidas”.
“Para una mujer que se cree imperfecta, que se cree fea y mala, todo lo que le haya dicho su pareja, se cree inepta, de verás, ver sus caras y después de 2 o 3 meses de practicar, me encanta ver cómo se transforma su cara”.
Aquí entra la perseverancia. Para cambiar la vida, se requiere voluntad y perseverancia. Y un poco de dinero.
Así que…qué sigue?
El INAPAM se encuentra por la calle lateral a las escalinatas de la Universidad de Guanajuato.
Y Casa Cuatro en la calle San José no. 4, entre el templo de La Compañía y el Baratillo. Planta alta.