Danzantes del Torito, entre lo festivo y lo cotidiano

Texto e Imagen: Rodrigo Cuevas

Guanajuato, Gto.- A diferencia de otro tipo de danzas tradicionales vinculadas al misticismo, el éxtasis y la experiencia con lo divino, la danza del Torito se caracteriza por su expresión festiva y chusca de lo humano. Es una pieza cultural identitaria de las fiestas patronales de numerosos municipios del estado de Guanajuato. Paradójicamente el final de la danza es la muerte de todos los personajes, incluido el toro.

Dicen que el humor es una forma de hacer frente a situaciones difíciles o dolorosas y esta danza narra un trágico hecho. La leyenda cuenta que siglos atrás un bovino se escapó en una hacienda y diversas personas intentaron contenerlo sin éxito. De ahí que esta danza contenga de manera paródica nueve personajes más el toro. En Guanajuato capital existen experimentados bailarines que suman más de medio siglo con esta tradición.

Danza del Toro Tonalixco, Guanajuato capital

El capitalino Enrique Arturo Rodríguez Mata, de 65 años, lleva 53 años bailando. Fue el primero y es el único de su familia que empezó a bailar el Torito, aprendiendo de los maestros Marcelino Oliva y Timoteo “Kikis” Trujillo, oriundos de Silao.

“Aquí en Guanajuato capital se hacen unas peregrinaciones en el mes de mayo. En esa ocasión le faltaba un personaje a don Kikis. Me arrimé con él y le dije que si podía hacerlo. Yo estaba muy chiquillo, tenía 9 años en ese entonces. Me dijo: “A poco sí, ¿no te regañan?” y le dije “No, como cree”. Y empecé a bailar. Me llamaba mucho la atención. Primero con un torito de niños y luego con un toro grande, profesional”, relata Enrique sobre su primera vez antes de fundar su propio grupo Danza del Toro Tonalixco, con quienes ha viajado por todo el estado y a otros lugares de la república.

Su grupo se caracteriza por sumar a la tradición original otros personajes novedosos como dos charros con máscaras de hule que alebrestan con sus chicotes a todo mundo, incluido a veces al público; o la viejita, personaje que la gente adora y que fue creado por su colega llamado Joaquín. Enrique Arturo interpreta a la viejita con maestría, además de varios otros personajes si la situación lo requiere.

“Por lo regular esta danza no se ensaya. Nosotros lo llevamos interiormente. Los chavos que quieren participar, a lo mejor en sus casas ellos ensayan o se preparan, pero cuando ya llegan con nosotros nos dicen qué se saben. Generalmente todos los que integramos el torito sabemos bailar varios personajes, yo hasta sé tocar flauta y tambor. Tenemos que saber hacer todo esto”, explica Enrique quien además ha asesorado a diferentes instituciones y grupos de danza como el Ballet Folclórico de la Universidad de Guanajuato. Incluso él mismo confecciona los vestuarios de su grupo.

También dice que la parte que la gente más disfruta es lo que ellos llaman “grilla”, que es cuando el toro embiste a los personajes y salen volando: “Este tipo de danza no tiene motivación espiritual como otras danzas tradicionales que son más profundas, de esas que cuando estás bailando te desconectas un poco de la realidad. En el torito es al revés, te tienes que cuidar de no estrellarte, de que te vayan a pegar o de no tumbar a alguna persona, cuidar que no se te cruce algún niño porque con las máscaras no se ve bien”.

Torito de Calderones

Otro experimentado danzante del torito es Alfredo Aguilar Rivera, de 53 años y responsable del grupo del torito de Calderones. A sus diez años vio por primera vez un torito presentarse en su comunidad minera y nunca más volvió a separarse de esta tradición que dice es muy bonita.

“Nosotros crecimos viendo que a todos nos gustaba. Antes éramos todos de aquí, pero algunos se fueron a Estados Unidos y fuimos quedando menos pero nunca ha caído”, dice Alfredo quien comenta que en las fiestas patronales muchos paisanos que viven del otro lado de la frontera norte visitan Calderones y se sorprenden al constatar el nivel de popularidad del torito, intacto al pasar décadas.

También recuerda que cuando niños mochaban caballitos de plástico y bailaban frente a un toro hecho con una caja de cartón con una ventanita, unos cuernitos y una colita de papel. “Todos nos divertíamos y queríamos sobresalir siendo el diablo o quien era cualquier otro. La gente nos veía y disfrutaba mucho”, dice con los ojos llenos de melancolía.

Sobre el presente de esta danza, afirma que hay mucha solidaridad: “A través del tiempo hemos ido conociendo otros toritos y nos vamos entendiendo. Todos nos vamos echando la mano unos con otros, nos conocemos y nos apoyamos”.

Agrega para concluir: “Queremos inculcarles a las nuevas generaciones que sigan, que podemos apoyarlos en lo que ellos decidan. La indumentaria es caro y nosotros los tenemos, ya estamos encaminados. Ojalá que de aquí de Calderones los chavos sigan la tradición que es muy bonita”.

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