Con emotiva fiesta íntima Serrat dijo adiós a los escenarios mexicanos en el FIC 50

Texto e imagen: Rodrigo Cuevas

Guanajuato, Gto.- El músico catalán celebró 57 años de carrera con “El vicio de cantar”, último concierto en México que alborotó a sus miles de seguidores en la Alhóndiga de Granaditas.

El Festival Internacional Cervantino es escenario de hitos artísticos y culturales que están en la memoria de México. Anoche, en su edición dorada, Joan Manuel Serrat se despidió por última vez de los escenarios mexicanos con el concierto “El vicio de cantar” y miles de personas le hicieron saber que son adictos a su música, algunos desde que estrenó su primer trabajo en 1965.

Con un pequeño prendedor rojo de calavera en el lado izquierdo de su solapa, “El Nano” inició su concierto número 53 de los 74 que comprende su tour con la canción Dale que dale que el público rápidamente tomó como arenga para mantener un tenaz apoyo a vítores y aplausos durante las dos horas de concierto en las que nadie se movió de su asiento.

En su primera intervención quedó de manifiesto su nivel de carisma, humor y sensibilidad: “Buenas noches a todos… damas, caballeros, imparciales en la cuestión. Es un placer estar aquí en esta Alhóndiga, tan entrañable lugar para México, para todos los que queremos este país. Qué gusto que estén aquí y poder así acompañarme esta noche tan especial para mí”. Para luego advertir: “Ya me he enterao’ que hay un cierto murmullo que este es un concierto de despedida” a lo que el público estalla en un no rotundo. “No les hagan caso, yo personalmente les confieso que pues sí, me voy a dejar de subir a los escenarios, pero no me voy a despedir de ustedes en ningún momento. Como no me voy a despedir de la vida, del sol y de lo que amo. O sea, que no hagan caso. Esto es una fiesta, ¡una fiesta a todo dar! Así que dejemos de lado cualquier sentimiento de nostalgia, de melancolía que pueda rondarnos y apréstense a subirse a la moto de esta fiesta” dijo el artista que vivió un año exiliado en México por su crítica al franquismo. Siguieron dos temas sobre la infancia: Mi niñez y El Carrusel del furo.

Lo acompañaron siete talentosos músicos, entre los que estaba los arreglistas Ricard Mirayes en el piano y Max Jesús en el teclado, dándole a su repertorio vitalidad y frescura. Entre canción y canción, Serrat recorrió una mesa, una silla, un banco y un vaso de agua que bebió a sorbos en un escenario con la mitad de un telón de terciopelo púrpura y la otra con proyecciones muy creativas ad-hoc a sus canciones.

Lucía y Señora encendieron el erotismo de la noche. Luego con guitarra al hombro interpretó Hoy por ti, mañana por mí para después seguir con No hago otra cosa que pensar en ti, la satírica canción Algo personal y la canción-poema-homenaje Miguel Hernández.

Con la canción de paz Para la libertad, la voz de sus más fieles seguidores comenzó a escucharse fuerte mientras se proyectaban los grafitis con niños del artista británico Banksy. Canço de Bressol dedicada a su madre; la alucinante historia de un amor apasionado con De cartón de piedra y Tu nombre me sabe a yerba, en la que la voz del público se escuchó cada vez más fuerte, marcaron la primera parte de lo que estaba siendo una ola de emociones.

A dúo con la violinista y corista Úrsula Margos cantó Es caprichoso el azar, mientras que Hoy puede ser un gran día sonó brillante con un estilo nuevo y con proyecciones de La Gioconda de DaVinci intervenida con hábitos modernos. La ovación fue total, incluidos los gritos de “bravo” y “adóptame, Serrat” que no dejarían de escucharse hasta el final del concierto.

Siguieron la ecologista canción Padre “una canción que escribí hace un chingo de tiempo y que lamentablemente sigue vigente” en palabras del artista y Mediterráneo. Serrat abrió el micrófono con Aquellas pequeñas cosas y Caminante no hay camino que todos cantaron con fuerza, incluida la voz de una soprano entre el público. El cierre estaba por llegar, pero el público pidió regreso y Serrat fue generoso: Esos locos bajitos, Penélope y Fiesta fue la tanda de clásicos con los que lanzó un beso al aire y se fue con una sonrisa de oreja a oreja.

Te podría interesar

OSUG, Laura Reyes y Coro UG festejarán “La meca de la música”

Sobreviviente al ataque nuclear de Nagasaki presentó libro testimonial

GIFF abre convocatoria para concurso nacional de guion

Obras de Daris Rubio y Johan Falkman integran la primera temporada de exposiciones de la UG