Células madre, entre la estafa y la ciencia

Ante el diagnóstico de una enfermedad incurable, degenerativa e incapacitante, el paciente y sus familiares a menudo emprenden la búsqueda de una alternativa que prometa devolver la salud. El estado de vulnerabilidad del enfermo y una legislación sanitaria laxa han sido aprovechados por hordas de charlatanes en México que, con argumentos engañosos y audaces estrategias de marketing, aseguran curar la diabetes, eliminar las arrugas, regenerar el hígado y devolver la vista, todo gracias a riesgosos
tratamientos con supuestas células madre, al margen de toda norma ética.

Por Amapola Nava (Agencia Informativa Conacyt)

 

Como todo buen vendedor, la maestra Carmelita es carismática. Viste formal, ríe con franqueza y su discurso es una mezcla de frases aduladoras, anécdotas emotivas y palabras científicas. No le es difícil crear empatía con público de su edad; alrededor de 20 personas mayores de 50 años la escuchan expectantes. Después de enumerar todas las bondades de su producto, la maestra Carmelita lanza la pregunta clave: “¿A quién le gustaría tener 14 millones de células madre en sangre todos los días?”. Los murmullos no se hacen esperar, una voz de Cómo no querer 14 millones de células madre en sangre si la maestra Carmelita acaba de explicar que son células muy especiales, que viven dentro de los huesos y que cuando alguien se enferma o se lesiona salen, viajan por la sangre, llegan al órgano dañado, se convierten en células jóvenes de ese mismo órgano y lo regeneran. Cómo no querer 14 millones de células madre en sangre cuando estás allí porque quieres sanarte.

Una mujer del público confiesa que lleva 25 años viviendo con diabetes, algunos más llevan bastón. La maestra Carmelita les dice lo que quieren escuchar: cualquier enfermedad puede revertirse con una buena dosis de células madre.

Lo que ella vende es un “nutracéutico”, una especie de suplemento alimenticio que estimula el cuerpo para producir más células madre y reparar cualquier órgano dañado. Tres pastillas, elaboradas con ingredientes 100 por ciento naturales, originarios del Tíbet, Madagascar y otros lugares aún más remotos.

Después de hora y media de labor de convencimiento, la maestra Carmelita ya puede lanzar el precio del producto: el “tratamiento” para dos meses vale ocho mil 100 pesos más envío, mucho más barato que un trasplante de células madre y además se puede pagar a 12 meses sin intereses. La charla surte efecto, la
mayoría de las personas del público se dirige con los vendedores. Cuando se trata de la salud no hay que escatimar.

Hay un solo joven en el salón: está acompañando a su madre. Ella tiene pie diabético y busca una alternativa para un padecimiento que puede terminar en la amputación. La familia ha considerado varias alternativas, incluso hablan de una clínica en Morelia donde el trasplante de células madre no es muy caro.

Pero ni la maestra Carmelita ni los cientos de clínicas que existen en México y que ofrecen tratamientos con células madre le han dicho la verdad: en el mundo, al día de hoy,el único tratamiento con células madre que ha demostrado ser seguro, eficaz y que ha sido aprobado por las autoridades regulatorias internacionales es el trasplante de médula ósea para la leucemia y para algunas enfermedades sanguíneas.

Al igual que los antiguos alquimistas que viajaban de pueblo en pueblo pregonando las bondades del elíxir de la vida, quienes hoy ofrecen curar con células madre, lo que venden es falsa esperanza a los enfermos y la promesa de la eterna juventud a los sanos.

Las clínicas de la esperanza

“El 89 por ciento de nuestros pacientes logra revertir completamente la diabetes… Previene la cirrosis… ¡Excelente en degeneración macular!… Es preventivo de la frigidez, incrementa el apetito sexual”, estas son algunas afirmaciones que se pueden leer en la página de Internet de una clínica que ofrece terapias con células madre en la Ciudad de México.

La misma clínica que en Guadalajara le ofreció al padre de Laura Arce revertir los síntomas de su enfermedad, la esclerosis lateral amiotrófica.

“Mi padre tenía 78 años cuando lo diagnosticaron. Sabíamos que era una enfermedad neurodegenerativa y que no tenía cura, pero él siempre fue un hombre muy luchador y estuvo buscando alternativas que le pudieran ayudar. Entonces le comentaron acerca de las células madre”.

A inicios de 2017, el enfermero que atendía al padre de Laura le contó que conocía una clínica de células madre, allí mismo en Guadalajara, donde lo podían ayudar. Cuando Laura y su padre fueron a la clínica, les dijeron que con el tratamiento los síntomas de la enfermedad iban a disminuir y que había
posibilidades de revertir la esclerosis.

“Nos dijeron maravillas. A mi papá le brillaban los ojitos. Imagínate, le estaban dando esperanza”.

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