Texto e imagen: Rodrigo Cuevas
Guanajuato, Gto.- En el templo de San Javier, emblemática construcción religiosa de uno de los límites de la ciudad de Guanajuato, vecinos de esa zona y barrios aledaños celebraron a la virgen de la Purísima Concepción y a San Francisco Javier, en una tradición que se remonta a las haciendas de beneficio de metales de Guanajuato en el siglo XVII que hoy son hoteles.
En medio de esa zona, cientos de fieles devotos, algunos provenientes de otras comunidades aledañas como Santa Ana, inclusive de otros municipios y estados, celebraron con misas, rosarios, desfile de carros alegóricos, puestos de comida, torito, banda y cuetes.

Este tipo de actividades, que se replican en decenas de barrios de Guanajuato, dan razones a la ciudad para seguir ostentando desde 1988 su título de ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La tradición en San Javier continúa gracias a Guadalupe Luna, de 57 años, nieta de Ricardo Luna Ramírez y Pigmenia López Ávila, quienes fueron los primeros organizadores; después fueron sus tíos y a partir de 2009, año en que no hubo fiesta por falta de participación, ella tomó la responsabilidad hasta la fecha.
“Es algo muy grande. Ahora comprendo a mis abuelos porque casi toda la responsabilidad recae en la persona que lo hace y hay muchas controversias, pero vamos saliendo adelante gracias a Dios para que no desaparezcan las tradiciones de nuestros ancestros”, comentó Luna.
Por su parte, el sacerdote Alberto Ramírez Mosqueda destacó la finalidad de las celebraciones de esta comunidad religiosa, adjunta a la parroquia y templo de Belén: “Lo tradicional: que las mañanitas, que el torito, la música, en fin; son manifestaciones antiguas pero que nos tienen que hacer sentir la necesidad del cristo vivo que viene hacernos hermanos, familia y comunidad”.

El templo de San Javier
El actual templo comenzó como capilla para trabajadores y propietarios de la hacienda San Francisco Javier, que data de 1684 y que extraía mineral del tiro de Santa Cecilia y alrededores.
Su ampliación quedó inconclusa y se retomó hasta 1869, donde quedó como luce actualmente con un solo cuerpo, una cúpula y una torre. La construcción sigue el estilo neoclásico, pero mantiene los contrafuertes originales.
Templos así abundan en el centro y en algunas comunidades mineras, aunque muchos sin recursos de las autoridades para su mantenimiento y actividades.
“Yo le pido a todos los hermanos del barrio que cooperemos para que esto siga adelante y que no olvidemos a la santísima virgen porque eso sería una tristeza ya que su imagen la trajeron hasta aquí escondida por un subterráneo, no era de aquí, era de otro lugar. No me acuerdo de dónde me dijo una señorita que lo hizo, pero ya falleció”, comentó María del Carmen Lozano Aranda, reconocida vecina de 88 años y viuda del exminero y delegado Pedro Rodríguez Ibarra, también uno de los primeros policías de tránsito de Guanajuato.
Curiosamente, la leyenda cuenta que debajo del altar del templo hay un túnel que conduce hasta la Basílica colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato. Algo muy probable en una ciudad legendaria con un sinnúmero de construcciones que poseen pasillos estrechos, subterráneos, aljibes y cuartos escondidos.