Por: Georgina Rodríguez Muñoz, y Gabriel Ramírez Pimentel/Tecnológico Nacional de México, campus Roque.
Celaya, Gto.- Actualmente los retos que se perfilan en el escenario nacional e internacional respecto a la producción de alimentos saludables son objeto de reflexión y de investigación, se tienen suficientes evidencias que indican que el uso indiscriminado de agroquímicos contaminan y presentan una residualidad persistente en agua, suelo y aire, además se ha constatado que el uso indiscriminado de agroquímicos en los campos de cultivo está generando resistencia por parte de plagas e insectos; los cuales, se han tornado difíciles de erradicar en los campos de cultivo.
Los insecticidas y fungicidas no son selectivos lo que impacta a la biodiversidad de organismos benéficos que son responsables de la buena salud del suelo. Los agroquímicos tienen efectos acumulativos y repercuten en la vida en su contexto más amplio.
La FAO y la OMS estiman que más de cuatro millones de personas tienen probabilidades de envenenamiento o desarrollo de enfermedades por la exposición a plaguicidas tóxicos. Lo que se agrava con la demanda mundial de alimentos en el año 2050, se pronostica un incremento de un 40-70 % en comparación con el año 2010, la población humana se acerca a los 10,000 millones.
Resulta prioritario comprender que el bienestar de la biodiversidad de los suelos se traduce en bienestar y riqueza, los servicios ecosistémicos de los suelos sanos contribuyen entre 1.500 y 13.000 millones dólares anuales. Cabe señalar que la seguridad alimentaria y nutricional, dependen de la presencia de suelos ricos en nutrientes y microorganismos, los cuales ayudan al intercambio y fijación de elementos importantes para el desarrollo de los cultivos y el bienestar atmosférico. Las políticas públicas al respecto resultan prioritarias.
Manifestar la transición y sustitución de insumos para el campo en un determinado territorio o región, requiere trabajo en distintas áreas del quehacer social, así mismo requiere comprensión respecto a la pertinencia sobre la disminución de sustancias tóxicas y dañinas que impactan en el productor, en el cultivo, en su ambiente y en los consumidores.
La producción y uso de bio-insumos beneficia las localidades y regiones donde se elaboran y utilizan. Son productos que se obtienen a partir del procesamiento de materia vegetal y del aislamiento y multiplicación de microorganismos. Se utilizan con fines de fertilización y nutrición de las plantas y suelos y con ellos se logra una mejora en la calidad de los suelos, se favorece la absorción de nutrientes en plantas y suelos, se controlan las enfermedades de las plantas, se regulan las poblaciones de plagas y se estimula la resistencia y productividad de las plantas, así mismo, se disminuyen las emisiones carbónicas al ambiente dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4).
Los bioinsumos pueden elaborarse a partir de recursos locales (estiércol, gallinaza, semillas de abonos verdes, abonos fermentados, caldos minerales, controles biológicos derivados de microorganismos, insectos y principios botánicos, entre otros). Los bioinsumos promueven la recuperación de la vida de los suelos, mejoran su fertilidad y optimizan las relaciones de los cultivos, el uso de bioinsumos deriva en la mejora de la productividad agrícola, el bienestar del medio ambiente y en alimentos saludables la población en su conjunto. Las prácticas más importantes son las de fertilización orgánica, incluye el uso de compost de buena calidad y abonos verdes; de igual importancia son la construcción de estructuras de conservación de suelos, pues permiten superar los problemas más críticos de las fincas o áreas de producción, como la erosión y la baja fertilidad de los suelos y al mismo tiempo buscan aumentar la rentabilidad, aunque no aumente la producción. Es importante considerar para la producción de alimentos, el uso más eficiente de la energía, de los ciclos biológicos y de los nutrimentos de las plantas para integrarlos en un sistema más estable y productivo. Otros factores de relevancia son: la diversificación de los cultivos (incluye las asociaciones y rotaciones), la integración de la producción animal y vegetal; el reciclaje de los desechos animales y vegetales y por último la optimización del uso del espacio, con un diseño adecuado de la superficie disponible.
El tema de bioinsumos es amplio y de gran interés, en los siguientes números de CARACOL EN MOVIMIENTO continuaremos con su profundización.