Por: Redacción Imagen: Cortesía
Guanajuato, Gto.- Como parte de la Cátedra Extraordinaria “Educación para el Desarrollo Social y Humano”, en la Universidad de Guanajuato (UG), se presentó la conferencia magistral “La Universidad como reserva de conciencia y libertad, como espacio de resistencia”, impartida por la Mtra. Carmen Beatriz López-Portillo Romano, directora general del Centro de Investigación Sor Juana y Exrectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana.
Esta conferencia constituye la cuarta sesión del año académico 2026 de dicha cátedra, en seguimiento al convenio establecido entre la UG y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desde 2022.
En el evento, participó la rectora general de la UG, Dra. Claudia Susana Gómez López, quien fungió como moderadora; con la compañía del Titular de la Cátedra Extraordinaria y Exrector de la UNAM, Dr. José Narro Robles, además del Director de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad León de la UNAM, Mtro. Salvador Andrade Ortiz.
Al dar la bienvenida, la Dra. Gómez López destacó la labor académica de la ponente, abogada por la Universidad Autónoma Metropolitana, quien ha dedicado gran parte de su labor a resguardar el patrimonio de “la Décima Musa” e impulsado la renovación de la capilla de Sor Juana Inés de la Cruz, así como el papel imprescindible de las ciencias sociales y las humanidades.
A lo largo de la conferencia, la Mtra. López-Portillo planteó el desolador contexto de violencia y horror que impera en el presente, así como la pérdida del asombro, la empatía y la indignación, por lo que enfatizó la formulación de preguntas como un primer ejercicio de libertad ante el poder de quienes manipulan las realidades:
“En la barbarie, el otro, la otra, no existe. Si no podemos nombrar, tampoco hay palabras para recuperar su ausencia. (…) Acaso el peor de los síntomas, la peor de sus expresiones, sea la indiferencia, el desinterés, la apatía, la relativización de todo, la claudicación, la suspensión colectiva del juicio”.
Al guiar un recorrido por diversos planteamientos éticos de la filosofía clásica y moderna, así como por las cosmovisiones y conceptos comunitarios imperantes en las culturas indígenas, la académica exhortó a “pensar lo que somos y lo que hemos hecho de nosotros “, enfatizando que todas las personas son responsables tanto de sí mismas como de las demás.
“Nuestro yo aparece cuando el otro o la otra nos mira, cuando el otro se nos da en la palabra. (…) La convivencia es la condición de posibilidad de la vida misma y el ámbito único para que los valores que le dan sentido sean posibles. De ahí que la convivencia tenga en sí un valor y, por la importancia de los fines que persigue, sea un fin en sí”, dijo.
En ese punto, denunció cómo las estructuras de poder autoritario imponen identidades y formas de vida desde el discurso, eliminando la posibilidad de nombrar la barbarie, así como la libre elección al estar limitada en condiciones de marginación:
“Esa sensibilidad, esa conciencia del otro, esa mirada es la que se ha ido arrebatando. (…) Estos poderes políticos, económicos, mediáticos pretenden arrebatarnos el rostro y la dignidad. Construyen una realidad con palabras e imágenes, con el propósito de privarnos de la posibilidad de pensarnos a nosotros mismos como miembros de una comunidad con derechos y obligaciones, responsables de nuestro destino y capaces de oponernos”.
Dudar, cuestionar e interrogar, destacó la Mtra. López-Portillo como acciones necesarias en el presente, además de indicar que la libertad lleva consigo la conciencia de la responsabilidad en cuanto a las decisiones, así como la congruencia entre el pensar, el decir y el actuar.
En ese sentido, indicó que educar es un acto de esperanza, pues la enseñanza brinda un repertorio de posibilidades humanas para que el educando elija con libertad quién desea ser y cómo desea vivir:
“La libertad se da del deseo incesante de transformar la realidad. (…) Nuestro ser no está terminado; tenemos que hacerlo día a día, paso a paso, formarlo, elegirlo; (…) una forma de comportarnos ante el otro desde el respeto y la tolerancia, asumir la responsabilidad que tenemos por lo que hacemos, por cómo nos comportamos, por cómo somos”.
La educación da sentido a la existencia y cohesión a la sociedad, aseveró la catedrática, antes de analizar el panorama del analfabetismo, la permanencia escolar en distintos niveles y el acceso a la educación superior, además de los desafíos presupuestales que limitan la autonomía de las universidades como un mecanismo indirecto de presión para la adopción de políticas externas.
“El monopolio del conocimiento es el antecedente del monopolio de la fuerza. Quien controla la información y el conocimiento también controla el poder; quien modela la manera de pensar, modela la forma como una sociedad se siente y valora. (…) Los privilegiados, dueños de los poderes y de las palabras, iluminan la realidad para garantizar su poder, su mirada, sus beneficios; (…) vacían de contenido las luchas de ayer arrebatándoles su sentido, su presente, la permanencia de los derechos conquistados”, pronunció.
Así, señaló que las universidades deben consolidarse como espacios de resistencia crítica al garantizar el acceso libre al saber sin permitir que intervengan dichas arbitrariedades y dando valor a las disciplinas humanísticas que analizan las ideologías y los sistemas de creencias que imperan en las expresiones culturales en el presente y a lo largo de la historia.
La gran responsabilidad en el presente es aprovechar los resquicios que quedan para formar una nueva ciudadanía con curiosidad y sentido crítico a medida que descubren sus vocaciones y la verdad de su ser, “que salgan de sus muros y mejoren el mundo que encuentren”, declaró la Mtra. Carmen Beatriz López-Portillo Romano, exhortando a asumir la humildad que implica el saber y comprometerse con una causa, haciendo con justicia lo que a cada persona corresponda.
Al concluir, se abrió el micrófono para la participación de las y los integrantes de la comunidad universitaria y el público general, quienes, al igual que la rectora general de la UG, reconocieron esta cátedra como una llamada de atención imperativa, especialmente ante la necesidad de pensar colectivamente y elegir una causa a defender desde las universidades.