Familia Colmenero Monreal no olvida sus raíces mineras

Texto e imagen: Rodrigo Cuevas

Guanajuato, Gto.- Salvador Colmenero Monreal, de 76 años, reúne a toda su descendencia en el Mineral del Cubo para compartir y recordar sus orígenes a través de la celebración de tradicionales fiestas religiosas en las que participaban sus ancestros y que le permiten preservar los vínculos afectivos a la tierra que lo vio nacer.

Tras la llegada del sacerdote José Álvarez al templo de San Nicolás de Tolentino pudo volver a convocar a toda su descendencia para participar de tres festividades importantes que se realizan en el Cubo: posadas navideñas en diciembre, tres caídas de Semana Santa y la fiesta patronal en septiembre.

“No exagero si te digo que son 50 años de participar. Desde mi abuela materna, María de Jesús Lara; mi bisabuela Natividad Ortiz. Abuelas

y bisabuelas. Por eso con mi hermano Genaro nos da gusto heredarles a nuestros hijos la devoción y tradición de nuestros pueblos donde nacimos, sobre todo a los chiquitos para fomentar valores”, explicó el exminero.

Don Salvador nació y vivió en El Cubo hasta los 19 años. “Todos trabajamos un poco en la mina. Otros más. Mi papá siempre. Dos de mis hermanos, uno más chico que yo y otro más grande. Todos nos salimos buscando la manera de vivir sin tanto peligro. Desgraciadamente, deja del peligro de andar en muchos metros de andar debajo, es lo que te deja”, recordó.

A sus doce años le tocó ver una escena que no olvida y da cuenta de la dura vida del minero: “Aquí hubo una temporada en El Cubo donde había personas bien trabadas que te duraban uno o dos años. Cuando se acababan sus pulmones, en la calle algunas quedaban. Se hincaban a toser, aventaban sangre y se morían”.

Sus raíces más profundas, las del linaje materno, se hallan en una extinta comunidad ubicada a unos kilómetros del Mineral del Cedro. Es el Mineral del Nayal que, junto al Mineral de Santo Niño, fueron dos pueblos mineros muy importantes en los que sus habitantes migraron a otros minerales, como suele suceder en las dinámicas de la minería, a principios del siglo XX.

Muchos de esos habitantes llegaron a Calderones y al Cubo a continuar sus vidas. “En Santo Niño eran loceros, se dedicaban a la cantera y veneraban a la Santa Cruz”, recuerda don Salvador de lo que se contaba y sucedía en su familia.

“Tengo una Virgen de los Dolores, porque el Nayal era de mi bisabuelo, Leonardo Lara. A mí me regalaron, mi última tía, mi tía abuela, me regaló una virgen de los dolores que era de 1900, era de ella. Me decían que esa pintura iba con el siglo. Está preciosa, al óleo”, confiesa.

También recuerda la historia que oyó sobre el origen del templo del Cubo y su cristo. “Vino una persona y lo dejó ahí encargado, y ya no regresó. Él hizo comentarios que aquí iban a construir un templo enfrente del panteón. No sé de qué siglo date eso. Es lo que yo les cuento a mis hijos y nietos que este Santo Cristo tiene una tradición de muchísimos años; el panteón está enfrente y el templo aquí, tal como me habían comentado a mí”, explica.

Además de sus recuerdos, don Salvador también conserva el humor. “Yo trabajé aquí en la mina del Cubo, no adentro sino afuera, cortando madera para las escaleras. Y en estas fechas y a estas horas salía con playera, había baños en la hacienda donde trabajaba, me bañaba y salía como si nada. Y ahorita mírame cómo estamos”, concluye.

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